Un tratado en contra de la proliferación de combustibles fósiles como vía de paz para Venezuela y garantía de seguridad para el resto del mundo.

La alternativa es el siglo del infierno.
Un tratado en contra de la proliferación de combustibles fósiles como vía de paz para Venezuela y garantía de seguridad para el resto del mundo.
Photo by Jorge Salvador

Nos saltamos la propaganda, shall we? La crisis política en Venezuela se resume de forma muy simple: el país cuenta con las reservas de petróleo más grandes del mundo, unos trescientos billones de barriles cuyo destino representa el futuro de nuestra especie. Extraer y quemar ese crudo equivale a declarar una guerra nuclear contra las condiciones habitables de nuestro planeta. Es por eso que el futuro político de Venezuela nos concierne de forma crítica e inmediata a todos.

Cualquier debate serio sobre la política venezolana se debe situar siempre dentro de estos parámetros: quemar ese crudo es incinerar al mundo. Es interesante que la prensa nunca mencione un proceso de paz para Venezuela dentro de un pragmatismo ambiental. La razón es muy simple. Especulo que ciertas petroleras, el tipo de empresas cuyos CEO reciben bonos por causar o prolongar guerras, busca un casus belli para cambiar el régimen autoritario de Nicolás Maduro e instalar a algún títere que les permita acceso ilimitado a recursos que no son suyos. Funcionarios que hacen una carrera política de traicionar la soberanía de sus países tristemente nunca le han hecho falta a Latinoamérica. A estas personas que piden intervenciones militares en sus propias tierras les entregan el premio Nobel de la Paz, galardón que hoy goza de la misma legitimidad que el Fifa Peace Prize. El Nobel de la Paz siempre ha sido y será un arma política.

Una invasión por tierra a Venezuela me parece descabellada y en contra de la voluntad popular de EE. UU. The Miami Right busca el cambio de régimen a través del sitio económico brutal, escalado ahora al terrorismo en el Caribe. Hace poco, The Lancet hizo un estudio de cuántas vidas cobran las sanciones económicas a nivel mundial. Vale la pena echarle un ojo para entender la crisis. También recomiendo mucho este artículo de Richard Seymour para entender los grandes cambios geopolíticos en nuestro continente. Seymour es un escritor y analista formadible, realmente lo considero, como Naomi Klein, un intelectual indispensable.

La transición a energías renovables no es opcional. Ambientalismo es sinónimo de vida. Un tratado en contra de la proliferación de combustibles fósiles significa paz política para Venezuela y seguridad para el resto del mundo. Así como la humanidad debe de colaborar con Brasil para la protección de Amazonas, nuestros pulmones colectivos, también todo el planeta debe trabajar con los venezolanos para que ese petróleo permanezca en el subsuelo. Nadie, absolutamente nadie, debe extraer y quemar ese crudo.

Un tratado de este estilo, justamente condenando a los combustibles fósiles de la misma forma que se condena a las armas nucleares, significa también un proceso de justicia para enfrentar la impunidad que gozan compañías tan abyectas como Exxon. Significa abordar seriamente conceptos como democracia y libertad.

La triste realidad es que ni siquiera se puede decir que existe una comunidad internacional para afrontar problemas de esta dimensión. El silencio de la ONU es aterrador. Palestina demuestra la cruel y triste hipocresía del internacionalismo contemporáneo. Uno no le puede pedir a la prensa corporativa que se ocupe de estos temas cuando ni siquiera pueden condenar la ridiculez del “proceso de paz” en Gaza. ¿Cómo hacer que se importen de niños que todavía no nacen cuando ni siquiera sacan la cara por aquellos que hoy son sepultados bajo la indiferencia y cobardía política mundial? ¿Cómo hacer que esta gente entienda que, claro, el régimen de Maduro es autoritario y le critico muchísimo, pero también bajo qué contexto?

No menciono un tratado de este estilo de forma inocenete, pensando que las élites mundiales lo tomen en serio. Lo digo para resaltar uno de los mayores problemas en la actualidad. La gran verdad de nuestro tiempo – el terrible deteriorio de las condiciones habitables de nuestro planeta – es borrada y trastoranda por los medios de forma diaria. Tenemos que aprender a ver todo lo que nos rodea a través de esta gran verdad. Siempre debe ser nuestro punto de partida. Ya no podemos concebirnos exclusivamente como países, sino como una especie que depende de una red de vida en este planeta para continuar existiendo. Toda decisión política seria y esperanzadora se debe situar siempre dentro de estos parámetros.

La humanidad se juega la vida en Venezuela. Cada día se erosionan las cualidades que nos definían como seres humanos, como la capacidad del pensamiento crítico, el amor a la libertad, la pluralidad, la igualdad, la más mínima compasión y empatía. El miedo cobra fuerza. Las clases dominantes son cada vez más demonios que personas. No es por nada que los científicos le llaman al siglo XXII La Era del Infierno.

Imaginemos por un momento que todos los recursos que se usan para estas guerras estúpidas se utilicen para reparar los ecosistemas de nuestro planeta. Paz a través de soluciones progresistas significa escoger un Edén en vez de un infierno.

Paraíso Perdido o Paraíso Recobrado. Esa es nuestra gran labor.