Las Luciérnagas

Las Luciérnagas
Photo by Tony Phan

Un haiku de Borges canta:

¿Es un imperio
esa luz que se apaga
o una luciérnaga?

Creo que esas líneas definen perfectamente nuestro momento actual.

La guerra contra Irán significa una de las mayores hecatombes en la historia contemporánea de los Estados Unidos. Por mucho tiempo, Estados Unidos pudo resistir a las presiones de Netanyahu para atacar Irán. Bajo el gobierno de Obama, del cual soy muy crítico, por lo menos vimos un intento de reintegrar a Irán al sistema financiero internacional. Con Obama vimos también un deshielo del bloqueo inhumano a Cuba.

Todo esto quedó en la memoria, reemplazado por un hombre cruel, vil, idiota y repugnante. Todos nos preguntamos cómo es que el presidente pudo ser tan estúpido para atacar Irán, para ignorar al Pentágono y lo que todos sabíamos, que lo primero que iba a hacer la Guardia Revolucionaria si asesinaban a Jameneí era cerrar el estrecho de Ormuz. Ahora no hay nada, nada que pueda hacer el presidente para abrir esa arteria vital para el comercio mundial. No hace falta mucho análisis; basta ver la WWE para entender cómo esa abominación interpreta el mundo y el poder.

No voy a aburrir a mis lectores con los detalles del colapso económico inminente y el torbellino de dolor que nos espera a todos, pero sí quiero resaltar dos cosas. Una es la gran estupidez de la ultraderecha que por pura ideología elige depender totalmente de combustibles fósiles. Los mejores parados para enfrentar la crisis son los países que gozan de energía solar. (Vemos cómo la energía nuclear también representa un riesgo de seguridad intolerable, siendo blanco de bombardeos. Realmente me sorprende qué tan fácil el mundo ha normalizado los ataques a plantas nucleares.)

La otra es definir lo que es una crisis para el capitalismo. No lo es el cambio climático, la extinción de especies, Me Too, Black Lives Matter, etc. Los problemas para el capitalismo no vienen de la calle y de hecho celebra y se aprovecha de condiciones apocalípticas. Una verdadera crisis capitalista es aquella de acumulación de capital. Ahí es cuando el capitalismo históricamente entra en una fiebre que se llama fascismo.

El precio económico y político de la guerra es inmenso. La ultraderecha es ahora reconocida mundialmente como sinónimo de desestabilización y ruina. La gran pregunta es, ¿a qué grado afectará la guerra con Irán la hegemonía del dólar?

Lo que queda claro es que en Asia Occidental se ha desatado un monstruo que nadie parece ser capaz de contener y que diario cobra más fuerza. Esta es la oscuridad del ocaso de una era. ¿Cuáles son las luciérnagas?

Las luciérnagas son las velas en los hospitales sin electricidad en Cuba, en las ventanas de casas sumergidas en oscuridad total, temblando frente al silencio y cobardía de Naciones Unidas. El bloqueo a Cuba es una aberración, una forma de tortura colectiva. ¿Qué clase de monstruo priva de alimentos y cuidado médico a toda una población civil, por la mera vanidad de su legado político?

Las luciérnagas también son las velas de los palestinos que entre los escombros de Gaza continúan soportando el genocidio y ahora les pasa por encima la tercera guerra mundial. ¿Qué ha hecho esa gente para merecer tal tortura? Luciérnagas son las más de un millón de personas desplazadas del sur de Líbano. Son los civiles de Teherán, de cuyos cielos llueven los misiles más sofisticados en la historia de la humanidad, así como lluvia ácida. Le critico mucho a ese gobierno derechista, misógino, teocrático y neoliberal (adjetivos que definen muy bien y hasta se quedan cortos de los gobiernos de Estados Unidos e Israel, que como dice Arundhati Roy, por el bien de la humanidad son los que más requieren el cambio de regimen, pues son los que tienen armas nucleares), pero la lucha por la democracia le pertenece al pueblo iraní. No es una excusa para el imperialismo. Woman, Life, Freedom— ese es el único camino hacia la libertad que la izquierda internacional necesita apoyar y seguir, primero presionando a nuestros gobiernos para alcanzar la paz y siempre rechazando el neo-Pahlavinismo. Recomiendo muchísimo este ensayo escrito en enero por Iman Ganji y Bahar Noorizadeh sobre las crisis y desafíos que enfrenta Irán, una civilización a la que le debemos tanto: mitología, poesía, arte, arquitectura, cultura, cine de primera.

También son luciérnagas las velas de las personas que salieron a defender Mineápolis, prendidas durante sus vigías. Y las familias de los marines que ahora son desplegados en una verdadera locura de misión. Son luciérnagas las velas de los barcos con ayuda humanitaria que navegaron a Gaza y ahora navegan a Cuba. Greta Thunberg es ahora menos activista que revolucionaria. Ella es el símbolo de lo que realmente significa el pacifismo en el siglo XXI. Ser pacifista es ser antimilitarista, anticolonial, antiimperialista, anticapitalista. Ser pacifista es afirmar la vida. Contrastemos esta ética con el pacifismo liberal, una extensión del capitalismo verde, que pide una transición a energías renovables, pero por ejemplo no toca la deforestación, la sobrepesca, los monocultivos, la máquina de guerra cuya sangre es el petróleo y que ahora crea un apocalipsis ambiental en Asia Occidental. (Stefanie Fox de Jewish Voice For Peace resalta cómo estas imágenes de apocalipsis son utilizadas como propaganda religiosa. Me encanta leerla. Ella nota cómo en esta crisis debemos de revaluar lo que significa sentirnos seguros. La seguridad se basa en la ayuda mutua, en redes internacionalistas de solidaridad.)

Los palestinos nunca dejaron de advertirnos que lo que ocurrió en Gaza es el futuro. Es un mensaje del poder decadente mundial, cada vez más débil, más cruel, más desesperado, a toda vida que intente florecer bajo el invierno de su sombra. Ya no existe el derecho internacional. La ONU se resignó a ser una Liga de las Naciones fosilizada. ¿Cómo sería posible la solidaridad entre países, cuando los gobiernos, corporaciones e instituciones son accionistas de la militarización, ocupación, expansionismo y destrucción de la tierra?

El mundo en este gran ocaso significa que las poblaciones civiles queden indefensas frente a un capitalismo de carroña. Las élites se alimentan de las desolaciones. La industria de petróleo y de las armas estalla récords de ganancias gracias al sufrimiento de Asia Occidental. Esta misma lógica sumerge a mi país en una espiral sin fin de violencia. El Big Tech requiere de datos para entrenar su inteligencia artificial, sus nuevos sistemas de vigilancia masiva, sus armas autónomas. Qué mejores datos que el estudio de las formas en que los seres humanos responden a situaciones extremas. Estas élites repugnantes y decadentes ven el horror como oportunidades de capital. La carne y hueso de seres humanos son sus meros experimentos, nuestras culturas y sociedades, sus laboratorios.

Son demonios que nos imponen su infierno. Como escribe Chris Hedges, estas élites viven en burbujas que se refuerzan a través de entrenadores personales, gurús de autoayuda, pseudo-filosofía, cuasi-religión y circos de filantropía. Los medios pretenden que Jeffrey Epstein era un caso aislado y no parte de una clase transnacional de individuos para quienes la guerra es negocio, los colapsos financieros, oportunidades de inversión, los cuerpos de niños y niñas, su propiedad y diversión perversa.

A nuestro alrededor ruge el colapso del orden internacional, el deterioro de las condiciones habitables de la tierra y la gran extinción del Holoceno. Nunca hemos estado tan cerca de una nueva detonación nuclear. Llegamos al fin a la medianoche y estamos lejos del amanecer. Todo lo que hay son las luciérnagas.